Como morir en 4 días

 DÍA TRES

Las tensiones habían bajado entre La Palma y yo, tras librarme de la multa, pero aún sentía que había una lucha encarnizada entre la isla y mi suerte...

Tras varios días de no coger  olas a pesar de intentarlo, ya tocaba el hacer kilometros de verdad para por fin encontrarlas. El parte de olas era una golosina: NO, 1m/1,5m y un buen período (Noroeste, en algún momento haré un tutorial de como interpretar los partes de olas), que hacían presagiar un dia espectacular en la playa de Bujaren. Además, parecía que el viento iba a respetar las buenas condiciones, "hoy es el día si o si" pensé mientras entraba en la furgo. 

La parte más fácil y ya era la que más resbalaba.
El camino fue largo pero entretenido, curva tras curva de un paisaje lleno de árboles, acantilados, mar y cabras. Si, habéis leído bien, nos encontramos con varios grupos de cabras sueltas que no dudaban en andar por la carretera a sus anchas, como si fuera una parte más del monte. Tras esquivarlas no sin demasiados problemas, y dar un par de vueltas extra por perdernos en el camino, llegamos a lo alto de Bujaren. Había oído que la bajada era muy larga y peligrosa, y tras cinco minutos andando pudimos cerciorarnos de que no mentían, senderos estrechos, (las veces que existía el sendero), caídas larguísimas hasta dar con rocas puntiagudas, zonas muy arenosas que resbalaban con solo mirar, y zonas poco recomendables para gente con vértigo. Y todo esto, por supuesto, con todo el equipo de surfing, tabla, corcho, aletas, neoprenos... A pesar de todo, sustos incluidos, inexplicablemente llegamos abajo sanos y salvos.

Antes de empezar a bajar, la playa está justo debajo

Tuvimos la suerte de que las previsiones no fallaron. Las olas estaban de llorar de bonitas. Dejamos los bártulos, nos cambiamos rápidamente, tabla encerada, GoPro colocada y directos al agua. El baño no pudo ser mejor, olas con mucho tamaño, que amenazaban tubos, con secciones muy largas, y lo mejor, nadie en el agua. El madrugar había servido de algo, aunque ya empezaban a asomar cabezas bajando por lo alto del sendero pudimos aprovechar el tiempo. Según fue avanzando la mañana las condiciones se pusieron más hardcore, la ola se volvió cerrona y mucho más agresiva. Y yo, suicida de mi, que prefiero estar donde se come más y estar solo, que dónde está todo el mundo y coger una ola cada media hora, allí estaba. De hecho, empecé a comer de lo lindo, una, revolcón intenso, dos, lavadora potente que me dejaba casi exhausto, tres, golpeado hasta llegar a tocar la arena, y de repente, la que más me dolió. Cuatro, salgo de la espuma mientras tiro de mi tabla y veo que emerge...SIN LA GOPRO. Fuck my life again, no podía ser, tenía que estar ahí. La pegatina era nueva y la había puesto con las al menos 24 horas para que curase el adhesivo, no debía fallar. Y sin embargo ahí no había nada. Sólo el halo fantasmagórico de dónde hace cinco segundos se encontraba la pegatina, ...y la GoPro. No tardé ni diez segundos en ponerme a buscarla, y de nada sirvió entrar con las aletas y el tubo, pasear por la orilla, preguntar a todo el mundo que estaba en la playa...dió igual no apareció. Lo que sí que aparecieron fueron mis ganas de cagarme en todo, otros 250€ de mi GoPro Black 5 desaparecidos en el fondo del mar. 

Tras pasarlo mal durante unos minutos (que se hicieron muy largos), decidí que nada iba a estropear mi día, así que decidí cambiar de armas, y volver al agua. Tabla por corcho y aletas, y a disfrutar del rebote de la ola que entraba en mitad de la roca que define l as líneas de Bujaren. 
El baño fué aún mejor que el anterior, olas muy muy grandes, con rebotes con los que podía volar, pero sobre todo bajadas (o drops) increíbles. Pero como en todo baño que me doy, cuando vino la serie más grande de todas me encontraba fuera de sitio, y me toco pinchar y comer de lo lindo (pasar por debajo de la ola y no conseguirlo del todo) y cuando salí me dí cuenta de que algo fallaba: no estaba remando como debería. No me lo podía creer, la ola me había arrancado la aleta que no tenía amarra aletas (para evitar que se pierda cuando te la quita), la aleta derecha, que si tenía, ni se había movido. Abandonado ya a mi suerte, sin siquiera cabrearme y dudando de si ir a buscarla o seguir cogiendo olas con una sóla, me salí. Y después de deambular por la playa durante unos minutos, increíblemente la encontré. No tarde en achacarlo como un golpe de suerte, y con la misma, volvía al agua a coger olones. Por fin un golpe de suerte, por fin la fortuna me sonreía. O no. Continuará...
Algunas de las olas que pude disfrutar. Al fondo el agujero en mitad de la roca por donde llega la ola







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