Fluye

En estos tiempos de encierro involuntario y de un tiempo "libre" inesperado hay que conseguir sentirse libre de verdad; leyendo, cocinando, retomando esos hobbys del pasado o empezando uno nuevo..., lo que sea que te haga sentir fuera de la cárcel de hormigón y ladrillo, y que expanda tu mente más allá de la piel que te cubre.
Desde hace tiempo tenía en mente pintar mi tabla para hacerla más personal, más íntima, y el tiempo y el espacio me lo han permitido hacer en esta cuarentena. Solo tenía una cosa clara, el comienzo, y a partir de ahí dejarme fluir. Me gusta pensar que el subconsciente tiene su propia lógica y procesos, y que, de vez en cuando, debe tomar el mando; y ya después, si no tienes miedo de enfrentarte a tu yo más profundo, tratar de interpretar aquello que has dejado sangrar durante horas. Este fué el resultado.
Y esta la interpretación: lo único que tenía claro al empezar es que necesitaba separarla en diferentes zonas, y el resto fué surgiendo solo. Cuando le eché un vistazo nada más verla nada tenía sentido, pero un rato después todas las piezas encajaron. La tabla de surf representaba la vida, y lo que pinte sobre ella sus diferentes fases claramente diferenciadas: la niñez, adolescencia, vida adulta y madurez. Y por supuesto, aunque bien diferenciadas, pueden coexistir en el tiempo, como en la propia tabla.


En la niñez aprendemos del mundo que nos rodea, sus formas, su textura, cómo se relaciona todo, y todo nos llama la atención y nos impresiona.

En la adolescencia rompemos con todo lo anterior, todo es furia y pasión, y ser diferente a todo lo que nos rodea; experimentamos y ardemos con cada acto nuevo, con cada rebeldía. 

En la vida adulta nos plegamos al orden, nos convertimos en una pieza más del sistema, no hay texturas, no hay variedad, todo es blanco o negro. 

La madurez nos devuelve a nuestros orígenes, pero con perspectiva. Fluimos con, y a través del tiempo nos centramos en lo que consideramos importante y no hacemos caso al resto. Sabemos el valor de cada segundo y sabemos a quién dárselo o en qué invertirlo. La idea de la vida debería llegar a ser consciente de la madurez, lo más pronto posible.


Por último incluí un reloj de arena, recordando el continuo devenir de nuestros segundos, de nuestro reloj lo único que sabemos es que la arena cae, pero no cuánta arena nos queda. Además, y por referencia a las islas dibuje el montón de arena con reminiscencias del Teide.

Por último, añadí la frase (que por cierto es un palíndromo) en latín "
in girum imus nocte et consumimur igni" traducida como: "vamos dando vueltas en la noche y somos devorados por el fuego” la cual puede tener dos significados. Por un lado se supone que era una adivinanza romana, cuya respuesta correcta debería ser las polillas o las antorchas. Pero por otro lado hay interpretaciones que creen que podría referirse a los seres humano y su devenir, refiriéndose a la noche como metáfora de la vida y el fuego como el tiempo. Resumiendo, tras toda esta chapa que os he soltado: hay que dejarse fluir.











Comentarios